Esta realidad no solo se vive en Quito. En Guayaquil también hay pacientes que luchan por recibir la atención que necesitan.
En el hospital del IESS Teodoro Maldonado Carbo la gente habla de resistir lo más posible. Amanda es una de ellas. Su hijo no tiene fecha para recibir el alta. Las llagas sangrantes que rodean sus piernas desde hace un mes no cicatrizan.
Hace 20 días fueron derivados desde un cantón de Guayas al área de Emergencia del Teodoro Maldonado Carbo. En ese tiempo la mujer -que prefiere no dar su nombre real por temor- se ha acoplado a las noches frías bajo un árbol, al repugnante baño de uso común, a lidiar con los roedores que merodean en las madrugadas…
“Necesito estar junto a mi hijo”, dice, pero hay más razones. “Aquí solo dan la estadía, el resto es solo comprar y comprar, siempre”.
La estadía a la que se refiere ha sido calamitosa. El hospital de especialidades del IESS en Guayaquil, que cubre casi toda la Costa, levantó un techado junto a la zona de jardines para acoger a los familiares de los afiliados que son trasladados de urgencia. La estructura no tiene paredes y las colchonetas colocadas no alcanzan para todos.
Cuando Amanda llegó no había espacio, así que se conformó con un pedazo de construcción a medio terminar. Es un metro cuadrado, de paredes de bloque y varillas que sobresalen del cemento donde apenas entra una silla, las fundas con su ropa y cobijas, y un pequeño colchón que oculta de los guardias.
Las personas esperan por noticias de sus allegados enfermos en los exteriores del Hospital del IESS Carlos Andrade Marín, en Quito. Foto: Patricio Terán / El Comercio
Amanda tiene su oído afinado. Ha silenciado el desquiciante bullicio de los buses que pasan velozmente por la avenida posterior del hospital y las potentes sirenas de las ambulancias, para solo escuchar el nombre de su hijo.
Al mediodía hay ansiedad y angustia; es la hora del llamado a la visita y de los pedidos de medicamentos. “Al menos debo tener USD 50 diarios para la albumina humana; eso no le puede faltar. Me piden pastillas, sondas, hasta vías centrales que cuestan USD 80”.
Los familiares suelen tener un fondo limitado en sus bolsillos. Algunos portan USD 20, otros USD 40, otros USD 60 para cubrir en parte lo que necesitan sus familiares, internados por problemas cardiológicos, tumores cerebrales, traumatismos…
Al cruzar la avenida hay al menos 10 farmacias. La cartera de esta madre está repleta de ‘papelitos’. Los médicos no les dan recetas, solo pedazos de hojas recicladas con la lista de fármacos e insumos que faltan en el hospital. Su hijo, de 30 años, entra casi a diario a quirófano. Es sedado para las curaciones, en las que pierde abundante sangre por un problema de plaquetas. Su familia debe buscar la forma de reponer las pintas, incluso pagando para conseguir ‘donantes’. “Todos aportamos mes a mes al Seguro y ahora no sabemos dónde está nuestra plata”.
Las manchas rosadas en la piel -que antecedieron a las úlceras- ocultaban algo peor. Esa señal que pasaron por alto era una secuela del covid-19 que lo mantuvo en Cuidados Intensivos durante 15 días el año pasado. Las pruebas que le aplicaron en la fase de recuperación también revelaron una enfermedad congénita.
Para confirmar el diagnóstico, el hijo de Amanda necesitaba una resonancia magnética que el hospital Teodoro Maldonado no podía cubrir. “Nos derivaron a una clínica privada y tuve que ir antes para verificar el cupo. Otros familiares van y vienen con papeles en busca de más análisis por derivación”.
El ajetreo dura todo el día. Incluso por las noches, cuando ya han instalado los cartones y las colchas para tratar de descansar, pueden recibir pedidos repentinos. A las 23:00, Amanda despliega su colchón sobre una escalinata helada. Se rocía repelente para los mosquitos y echa un poco de veneno para ratas a su alrededor. “He resistido todo por mi hijo -cuenta llorando-. Cuando estoy frente a él soy fuerte; cuando llego acá me derrumbo”.
Las autoridades actuales del IESS no niegan el desabastecimiento de medicamentos en los hospitales de la entidad, pero afirman que trabajan para mejorar capacidades. El director del Seguro Médico del IESS, Daniel Rodríguez, indicó a EL COMERCIO que ejecutan procesos de compra de hasta 1 000 tipos de medicamentos que están en el cuadro básico. Para esto necesitan una inversión de más de USD 700 millones este año. Esta se dividiría de la siguiente forma: USD 500 millones para prestadores externos y USD 200 millones para las unidades internas.
Con respecto a los fallecimientos de personas por falta de medicamentos, Rodríguez dice que no tienen registros. También admite la falta de insumos médicos para cirugías, como: sueros, gasas, jeringuillas, entre otros. Pero dice que se han ido solventando. “Es imposible que un hospital funcione sin gasas. Que en algún momento se haya solicitado para las cirugías, puede ser que sí”, señala. Rodríguez, además, indica que el número de cirugías se incrementó en un 15%. Por otro lado, el funcionario dice que no hay una figura legal que les permita realizar reembolsos a los pacientes que han comprado sus medicinas o los insumos de forma particular.
Con respecto a las soluciones, para la actual gerente del HCAM, María José Flores, una de las alternativas que ayuda en los procesos de contratación y compra más rápidos es la catalogación de medicamentos en el cuadro básico. Esto hace que puedan pedir los insumos directamente a los proveedores. Fue aprobado este último mes por el Ministerio de Salud y el Sercop. Por otro lado, asegura que se hacen procesos de contratación para estar abastecidos hasta 15 meses. Esas compras se concretarán en el segundo semestre del año. Reitera que sí se entregan medicamentos a pacientes con enfermedades graves.
"He resistido todo por amor a mi hijo. Cuando estoy frente a él soy muy fuerte; pero cuando llego acá a descansar me derrumbo. Aquí solo nos dan la estadía, porque el resto es solo comprar y comprar”, Amanda, su hijo está internado en el Hospital Teodoro Maldonado.
"He aportado al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social por más de 25 años, para que ahora no me quieran dar la medicación que necesito con urgencia. He gastado más de USD 70 000 en dos años”, Patricio Baca, paciente oncológico que tiene leucemia.
"No tengo trabajo. La falta de medicamentos en el Hospital Carlos Andrade Marín me ha obligado a vender cosas de mi casa para comprar los medicamentos de forma particular. Mi trasplante renal está en riesgo”, Katia Ron, paciente del Hospital del IESS HCAM en Quito.
Fuente: El Comercio.