JOVEN DE 21 AÑOS VIVIÓ EN CAUTIVERIO DURANTE UNA DÉCADA
- By MarceloToapanta
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Armada de valor y coraje, una joven de 21 años escapó de la casa de su madrastra en la que permaneció por casi una década en cautiverio, dentro de una habitación donde fue violada y torturada física y psicológicamente.
Para huir de ese ‘infierno’, Camila logró reunir $ 1,50 y tomó en brazos al niño que engendró producto de los ultrajes sexuales a los que fue sometida por el hermano de quien fue su profesora.
Su pesadilla comenzó a los 12 años. La difícil situación económica obligó a sus padres a emigrar a Estados Unidos, dejándola a ella al cuidado de su maestra escolar. Esta mujer se habría ganado la confianza del padre de la chica y él convenció a su esposa que la mejor opción era dejar a Camila y a sus otros dos hijos, de 6 y 8 años, en aquel entonces, al cuidado de la persona que los ‘educaba’.
Fue así que la docente acogió en su domicilio, en el cantón La Troncal, provincia de Cañar, a los tres niños, con la promesa de darle protección y amor, mientras sus padres trabajaban lejos. Sin embargo, el peligro estaba latente, porque el supuesto violador vivía también en esas cuatro paredes que fueron testigos de los horrores de los que fueron víctimas los tres hermanos.
El padre de Camila fue una de las víctimas de la COVID-19, falleció hace un año en Estados Unidos. La joven y sus hermanos conocieron su muerte en marzo pasado. Su madre aún vive en aquel país, pero no puede regresar porque tiene una demanda por manutención.
Con su voz entrecortada y llorando, Camila relató el tormento que padeció desde 2012 y cómo logró escapar de “la casa del terror”.
“Ella era mi profesora en la escuela y luego tuvo una relación con mi papá. Mis padres se fueron a vivir a los Estados Unidos y nos dejaron a su cuidado, al principio mi mamá no sabía la relación que ellos tenían. Los primeros meses nos trataban bien, luego comenzaron los maltratos, tanto físicos como psicológicos. Cuando cumplí 12 años me decía que yo nací para ser una mujer de la calle y mis hermanos marihuaneros”, rememora.
Camila hace una pausa, su llanto interrumpe su relato y antes de continuar, seca sus lágrimas con sus manos. “No sé si pueda seguir hablando, me duele recordar todo lo que viví. A veces cierro los ojos y me imagino que otra vez estoy en ese cuarto, encerrada con candado y contando las horas, porque sabía que todos los días a las 03:00 ese hombre entraba para violarme”.
Recuerda que con el pasar de los días los maltratos hacia ella y sus hermanos se hicieron más frecuentes y que como no tenían contacto con sus padres y con ningún familiar, su madrastra aprovechaba para golpearlos.
“No nos alimentaba, no nos dio educación, solo estudié hasta octavo año, tampoco nos compraba ropa a pesar de que mi padre le daba dinero. Ella le decía que estábamos bien, no nos permitió tener comunicación con mi madre. Nos repetía que ella no nos quería. A mis hermanos los hacía dormir en la calle y no les daba de comer. Sabía lo que me hacía su hermano, escuchaba mis gritos, producto de tantos abusos, salí embarazada, tengo un niño de 4 años”.
La chica permanecía encerrada en una habitación con candado. Le abrían la puerta solo para darle la comida”.
Manifiesta que el hermano de su madrastra la amenazaba y le repetía que si intentaba escapar la mataría a ella y a sus hermanos. “Me mantuvo encerrada por años, no me dejaba salir, me dio un teléfono, pero únicamente para contactarme con él, no me permitía tener redes sociales. De tantos golpes que recibí, me lesionó los pulmones y estuve internada en un hospital, ahora me entero de que a mis padres les dijeron que tenía tuberculosis y que por eso me habían hospitalizado”.
El 31 de marzo pasado la joven decidió ponerle fin a su martirio. La mañana de aquel día aprovechó que estaba sola en casa, tomó a su niño y huyo de sus verdugos. “Cada vez que me encontraba una moneda, la ‘tapiñaba’, ya me había dado cuenta de que el candado estaba dañado, por lo que aproveché para escaparme, pero no pude llevarme a mis hermanos. Temo por sus vidas”, cuenta preocupada la joven.
Su abogado Kelvin Ronquillo explica que durante casi 11 años Camila y sus hermanos han vivido maltratos psicológicos y físicos y que por tal motivo la afectada asentó dos denuncias contra sus agresores, una por violación y otra por violencia psicológica.
34 mil dólares es la demanda por alimentación que pesa en contra de la madre de Camila.
“Es terrible lo que esta joven soportó y lo que hizo para escapar, tuvo que aprovechar que su madrastra cambió de candado y que este estaba dañado. Esta señora sabía todo lo que estaba pasando, ella fue autora y cómplice, incluso los torturaba metiéndolos en un tanque con agua, estas personas deben pagar por lo que les hicieron a estos niños”.
César Peña Morán, fiscal Multicompetente del Guayas, explicó que el delito en que incurrió el violador de la joven está tipificado en el artículo 171 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) y la sanción que podría recibir la persona sería una pena de 19 a 22 años. Sin embargo, existen agravantes que podrían hacer que la pena sea de hasta de 29 años. “En este hecho también hay concurrencia de infracciones, en el caso de la madrastra. La pena para ambos podría ser de hasta 40 años”, informó el funcionario.
Reveló que en este tipo de delitos son más frecuentes en sitios apartados del país y que incluso hay casos en que las víctimas o los padres ven como normal este patrón de acciones. “Lamentablemente en nuestra sociedad hay casos como estos, que parecen que solo ocurrieran en otros países o que fueran sacados de una película. Quizás muchas de las víctimas no se atreven a denunciar por miedo”, indicó Peña.
Explicó que este tipo de situaciones, cuando una persona es víctima de violencia sexual y convive con el agresor, es conocido como el síndrome de Estocolmo, término utilizado para describir una experiencia psicológica paradójica en la cual se desarrolla un vínculo afectivo entre los rehenes y sus captores. “Esperemos que no sea el caso de esta chica. Al parecer, ella vivió tantos momentos de dolor y tortura, que por eso tuvo el valor de escapar”, sostuvo.
Fuente: Extra.